Qué hacer y qué no hacer ante la incontinencia urinaria - Agencia VOX
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Qué hacer y qué no hacer ante la incontinencia urinaria

Qué hacer y qué no hacer ante la incontinencia urinaria

Es una de las dolencias que recrudeció en pandemia, producto del encierro, el estrés y las restricciones a la movilidad, que derivaron en un mayor sedentarismo. ¿Cómo pararnos frente a este problema? Opinan especialistas.

Con la pandemia de coronavirus recrudecieron algunas dolencias que el encierro, el estrés y las restricciones a la movilidad agravaron. Una de ellas, la incontinencia urinaria, carga con la mochila, además, de ser una problemática rodeada de prejuicios y tabúes, donde los temores y dificultades para reconocer o admitir la situación y, la desinformación que de esta conducta se deducen, suelen demorar el acceso de las personas a las soluciones que se disponen, lo que las lleva a caer en inhibiciones desmedidas y retraimiento social.

Un dato estadístico que manejan los especialistas, muestra que, pese a que la incontinencia urinaria llega a afectar al 35 o 40% de las mujeres, y a un 11% de los hombres, solo el 20% realiza una consulta al especialista. “Muchos sienten vergüenza, miedo o desconocimiento”, advierte Santiago De Agostini, representante en la Argentina de Wearever, firma global de ropa interior para la incontinencia urinaria.

“Hay que tener en cuenta que la expectativa de vida ha ido incrementándose con el tiempo, por lo que una persona de 75 años puede ser sumamente activa, mental y físicamente. Sin embargo, esta dolencia aparece como una limitante silenciosa y silenciada contra esa plenitud, dado que impacta en la autoestima de las personas”, suma De Agostini.

“La no aceptación de un problema o una dificultad de este tipo, es el primer obstáculo que debemos resolver para no demorar la búsqueda de soluciones”, explica Martín Etchevers, doctor y profesor titular de Psicología en la Universidad de Buenos Aires.

Etchevers recurre a la metáfora de la “técnica del avestruz”, para describir un comportamiento que parte de pretender que lo que nos pasa en realidad no ocurre, pero por el temor de que, si admitimos lo que sucede, se va a incrementar el nivel de nuestro malestar.

“Eso solo provoca que el problema cobre más espacio en nuestra mente y que -incluso- se incrementen los fantasmas en torno a lo que realmente sucede”, refuerza el profesional y agrega: “El primer paso para encaminarnos a resolver un problema, es definir ese problema y que no tome más relevancia de la que tiene”.

Según Etchevers, negar la realidad “lejos de disminuir el malestar, lo agrava y se transforma en un factor de mantenimiento, es decir de mantenimiento de los síntomas, que tienden a cronificarse”. Así es como la persona que padece estos problemas, genera paulatinamente “conductas erradamente adaptativas, que pueden ir desde cambiar posturas corporales y formas de moverse, empezar a restringir actividades, hasta aislarse socialmente”.

De Agostini subraya, por su parte, que buena parte de las personas que concurren a Wearever, suelen narrar historias relacionadas con ese derrotero, donde prevalecen el abandono de la práctica de un deporte o ciertos hábitos sociales y familiares que involucran salidas o situaciones que se presagian como incómodas.

Se trata de lo que Etchevers califica como “conductas evitativas” que van -aún más- en detrimento de la autoestima, de la salud mental, entre otras cosas, porque “nos aleja de nuestros círculos de apoyo, en los que se encuentran lo que nosotros llamamos factores protectores”.

Etchevers conoce de cerca estos problemas, no solo por la experiencia con pacientes y sus investigaciones académicas, sino también, porque estuvo al frente del primer relevamiento realizado en la Argentina sobre las secuelas psicológicas causadas por el coronavirus.

El trabajo, una investigación realizada por el Observatorio de Piscología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), reveló un aumento de la ansiedad, la depresión y las falencias neurocognitivas, síntomas que «fueron encontrados tanto en personas que transitaron la enfermedad en modo leve, como en las que la cursaron con mayor severidad», explicó.

En los hombres, muchas de las incontinencias arrancan después de los 60 años, en particular la denominada “incontinencia de esfuerzo”, cuando la orina se escapa al ejercer presión sobre la vejiga, por ejemplo, al toser, estornudar, reír, hacer ejercicio o levantar algo pesado.

En las mujeres, en cambio, la incontinencia suele manifestarse en edades más tempranas, sobre todo durante y luego de los embarazos. Las tasas de incontinencia aumentan con la edad: aparece entre el 20% y el 30% de las mujeres jóvenes, entre el 30% y 40% de las mujeres de mediana edad, y hasta el 50% de las mujeres mayores sufren de escapes de orina.

“Nosotros observamos reacciones distintas en hombres y mujeres”, introduce De Agostini. Y explica: “Las mujeres son las primeras en reconocer las pérdidas y en adoptar medidas, sea la consulta o el uso de dispositivos de control, en base a la experiencia que tienen con el período o en los embarazos. Al hombre, en cambio, le cuesta más, tiende a demorar más el abordaje del problema, no siempre visualiza que esas gotas que caen después de que, en teoría, terminó la micción, suelen ser ya una manifestación”.

Wearever es una marca mundial, radicada en Estados Unidos, cuya estructura comercial se basa en la expansión a nivel local, a través de distribuidoras de insumos de salud. El punto diferencial de sus productos, es que se trata de ropa interior, como la tradicional, textil, de algodón, con una tecnología de avanzada incorporada que permite la absorción de orina.